viernes, 28 de febrero de 2014

BOMBAY BICYCLE CLUB

Bombay Bicycle Club
Madrid
Sala But
22 febrero 2014

Qué escucho mientras escribo esto: Dog is Dead (All our favourite Stories), Siglo XXI (Radio 3, podcast), Temples (Sun Estructures), Bombay Bicycle Club (I Had the Blues But I Shook Them Loose y So Long, See You Tomorrow)



Era sábado, y el centro de Madrid atestado, y la zona de Barceló parecía un campus universitario a la hora de abandonar todo el mundo, al unísono, facultades y escuelas técnicas, pero con la diferencia de que era de noche ya entrada. Y era sábado.

Y yo hace meses que dejé la treintena, y que la cuarentena (curioso que el término al que se refiere este ciclo vital-década pueda tener también la acepción de aislamiento preventivo) hoy me acompaña a mí y a mis canas (que pintan, no que peinan). Y aunque trabajo en una Universidad (a distancia ella, que no yo) y entre otras cosas se caracteriza por tener estudiantes en edad avanzada, pues que me encontraba como estudiante entre pasillo, aula, biblioteca, "cantina" y fotocopias. Y no sé si iba a la moda o no, pero iba en zapatillas, y eso mola.



Bueno, que el concierto que cerraba esta semana "Bands of London", tras Fanfarlo y Savages era el de Bombay Bicycle Club, un cuarteto británico (Jack Steadman, Jamie MacColl, Suren de Saram y Ed Nash) nacido a mediados de la pasada década, que en Madrid (me imagino que al igual que en el resto de ciudades donde paraba esta gira) se presentaron en formato de sexteto, con una chica a los coros y a la percusión y un chico al teclado y también a la percusión. Presentaban su cuarto LP (este mismo mes de febrero había salido a la venta), "So Long, See You Tomorrow".

Y esta vez no iba solo, ni mal acompañado. Repetía con Raquel (solo presente en aquéllos conciertos que su perspicaz sabiduría no tacha de "música ratonera"), y con los señores de Espada Moya, el santo varón, que repetía conmigo, tras Savages, esa misma semana, y su santa esposa, la gentil Lía, con la que no compartía "pista" desde el FIB de Arcade Fire, allá lejos en la memoria.

Y tuve la suerte, al estar ubicados (siempre me gusta hacerlo totalmente enfrentado al escenario, sin importar la distancia) justo delante de la mesa técnica, de encontrarme (con el rabillo del ojo) con la lista de canciones que pensaba (ay de mí) habían abandonado los similares empleados de Fanfarlo (esa misma semana también tocaron en la Sala But) ya que mi mirada "penetrante", aún con lentillas, reconoció la inclusión de "Luna" (Fanfarlo tienen la suya propia). Pero no, no era la de Fanfarlo. Era la de BBC, y así me lo hizo saber uno de los técnicos cuando la alejó de mi vista, sin miramiento ni sensibilidad alguna, a mi escueto estado de emoción y algarabía. 

Y cómo describir a BBC. Pues a mí me traen recuerdos de un pop elaborado y más refinado, con algún aire latino que le da un buen rollo especial (incluso algún sonido que me recuerda a música árabe, como el solo de teclado en Feel), como si quisiera decirnos que no hay cabida para quejas, problemas u otras cosas cenizas. Que ellos están para que disfrutes y trasmitirte positividad. No en plan Raffaella Carrá ("Para hassser bien el amor hay que venir al ssssur"), pero sí para aprovechar su momento que, al fin y al cabo, también es el tuyo.

El concierto arrancó a las 21:38 con Overdone (como me gustó esa percusión), a la que siguieron It,s Alright Now, Shuffle, Come to, You eyes, Lamplight y así hasta un total de dieciséis canciones que desgranaron en (según cronometré) una hora y diecisiete minutos. Por supuesto, sonaron algunos de sus éxitos más conocidos, como Luna, Overdone, Always Like This, Carry Me (con la que cerraron el concierto) o Home by Now.

De destacar fue que de las diez canciones del disco que presentaban en esta gira, sonaron ocho de ellas.

Finalizó el concierto, con todos entregados a la banda. Sobre todo los cientos de Erasmus que nos rodeaban, unos hablando hasta el infinito y más allá (se cumple la máxima de concierto en Madrid es igual a Tasca de Barrio), y otros amándose, piel con piel, labio con labio, caricia con caricia, en una noche hermosa, donde había parado de llover, con una media luna que brillaba en el horizonte y que nos mostraba el camino que BBC había marcado.

Y sí, al final la tuve entre mis manos...´Pero se la volvieron a llevar...






domingo, 23 de febrero de 2014

SAVAGES

Savages
Madrid
Sala Shoko
20 febrero 2014

Qué escucho mientras escribo esta entrada: Pink Floyd (Dark Side of the Moon), Patti Smith Group (Wave), Joan as Police Woman (Real Life), PJ Harvey (Is this desire?)



No entiendo que significa post-punk, como no entendería igualmente los conceptos de post-pop, post-rock o incluso post-reggaeton en caso de existir. Las diferentes corrientes musicales, sociales, culturales, artísticas, etc. deberían ser únicas, con sus características y especificidades, con sus diferencias recíprocas y, por supuesto, con sus similitudes entre ellas. Y las etiquetas, siempre hemos sabido que sólo sirven para marcar las tallas y los precios...

Y Savages, el cuarteto femenino londinense que vino a Madrid a presentar su único disco, está etiquetado como post-punk. Y no lo entiendo.


Llevaba un 20 de febrero cargadito. Un día que comenzaba pronto, llegando al trabajo antes de las 8 de la mañana para preparar los últimos detalles de una reunión que me llevaría hasta casi las 13 horas. Mi hijo malo en casa y a media tarde una Jornada-ponencia escolar que había organizado sobre la Ley esa de educación que tenemos nueva cada cierto tiempo en España. Salir de la jornada, recoger a mi otra hija que estaba en casa de una amiga y, por fin (y aún sin haber comido), moto, M-30 (lloviznando) y calle Toledo, 86, donde me esperaba mi tocayo Fer Espada, respetable amigo, de las pocas personas que conozco con inquietudes musicales similares a las mías, persona tranquila donde las haya, y al que siempre agradeceré haberme dado a conocer la plataforma Spotify, fuente inagotable de acceso y descubrimiento musical.

La sala estaba completamente a reventar. En mi caso, tuve la suerte de enterarme que Savages tocaban en Madrid el mismo martes de esa semana, y en la web donde vendían las entradas señalaban que sólo quedaban 30 localidades disponibles, así que puedo considerarme, como dice mi hijo, un "suertudo". 

Pero bueno, vamos al concierto. Lo primero que hicimos al entrar fue enganchar dos cervezas rápidas, que en mi caso, supieron a gloria. De fondo sonaban los teloneros de la banda, un dúo llamado A Dead Forest Index, que para ser sinceros, entre que entramos algo tarde y que nos engachamos a la barra como si de una boda se tratara, poco caso pudimos hacerles. A ellos se sumó el encuentro con unas amistades de mi compadre que ya nos desconectaron (sin lamentaciones, he de decirlo) de lo que pasaba en el escenario. Yo de hecho, miré de reojo un momento y creí reconocer a dos personas que jugaban con sonidos pregrabados entre nubes de humo y cientos de cabezas.

Savages aparecieron ligeramente retrasadas en relación con el horario señalado por la organización. Mi reloj marcaba las 21:49 hs. y cuatro chicas subieron al escenario, cuatro chicas de pantalones negros, tres de ellas con igual color de camiseta, y la líder, la cantante Jehnny Beth (dato curioso: su verdadero nombre es Camille Berthomier) con una camisa blanca que, de encontrártela una tarde en la calle, pensarías que se trataba de una ejecutiva que acaba de salir del consejo de administración de alguna multinacional. Y curioso era observar como el escenario estaba dividido en dos zonas verticales blanca y negra, como si la propia mitad de la banda fuera Jehnny y la otra mitad sus compañeras: Gemma Thompson (guitarra), Ayse Hassan (bajo) y la estupenda (y como me gustó el concierto que nos dio, recordándome, en ocasiones, los hermosos y tremendos movimientos que comprobé hacía ya años viendo a Meg White tocando con White Stripes) Fay Milton a la batería.

El único disco que tienen publicado (2013) hasta la fecha, Silence Yourself (al finalizar la presente gira tienen pensado entrar en estudio) anunciaba que el concierto no iría mucho más allá de la hora (al final fueron 65 minutos), pero la intensidad del mismo, los temas que lo componen y lo desgarrador, y en ocasiones comparable con la mítica Patti Smith, o más recientemente PJ Harvey o Joan as Police Woman (me dejo a Peaches), no defraudaron al respetable, que como ya señalaba, sobrepasaba el aforo de la sala.

Arrancaron con I'm here, a la que siguieron City's full (of sissy pretty love, cantaban...), She will (You've got to get used to it / And give your heart a little kick), Strife (And they must seek you there / Where death outnumbers life), la relajante Waiting for a Sign, una versión del Dream baby Dream Suicide que un servidor desconocía (y reconozco que la original no me dice nada y en cambio esta versión de lo dice todo), la fetiche para la crítica y single comercial Shut Up (no hubiera estado mal que el respetable se hubiera sentido aludido), la eléctrica No Face, la rítmica Husbands (My house, my bed, my husbands), la (esta sí) "punkorra" Hit me, y el cierre, de más de 15 minutos, iniciado con un tibio sonido de bajo y batería, con alguna guitarra rasgada, pero todo en torno a una espesa calma, que poco a poco iba creciendo y que terminó, hasta el final del concierto, con Jehnny saltando de lado a lado, al explosivo ritmo que sus compañeras marcaban en un auténtico orgasmo metálico.

Rozaban ya las once de la noche. Había dejado de llover. No hacía apenas frío en la calle. Era hora de volver a casa. Y descansar. Y empezar a contar el tiempo en que vuelvan a Madrid y nos electrifiquemos de nuevo.








miércoles, 19 de febrero de 2014

FANFARLO

Fanfarlo
Madrid
Sala But
17 febrero 2014. 20:00 hs.

Qué escucho mientras escribo esta entrada: Roxy Music (selección Spotify), Fanfarlo (Rooms Filled With Light, Reservoir), Youtube (actuaciones Tocata, TVE)



En la misma mañana del concierto de Fanfarlo, los oyentes de Radio 3 podíamos disfrutar de un breve aperitivo con la entrevista que desde el programa Hoy Empieza Todo les hicieron a la banda londinense. José Manuel Sebastián y Gustavo “Traductor” Iglesias en la que repasaron con ellos varios temas del último disco “Let’s Go Extinct”, publicado este mismo mes de febrero de 2014. Hablando sobre los orígenes de la vida, Simon, Cathy y Leon comentaron varios aspectos del álbum (sonido adulto, filosófico, según desgranaron) y de algunas de las canciones que por la noche disfrutamos los asistentes en su presentación en Madrid.

Yo llevo poco tiempo siguiendo al grupo. Empecé a escucharles cuando llegó a mis oídos su segundo álbum “Rooms Filled With Light” (2012), del que me quedé totalmente prendado. Canciones como “Deconstruction”, o “Shiny Things” me engancharon desde el principio y desde entonces me considero asiduo seguidor de los británicos. Posteriormente, lo abandoné por Reservoir (2009), su primer disco, que supuso la conexión sentimental (snif, snif) con el quinteto.

Pero entrando ya en el concierto, y tras mi solitaria asistencia (otra vez), pero disfrutando al máximo, señalar que los primeros en pisar el escenario fueron los italianos (de Cerdeña) y afincandos en Londres, “Lilies on Mars”, un grupo de pop (¿psicodélico?), con alguna estridencia desconcertante, que, siendo lunes noche, los allí presentes tuvimos que esforzarnos en prestarles la debida atención, y más aún cuando uno llevaba ya despierto desde las cinco de la mañana. Por ahí decían que el grupo había compartido experiencias con el mismísimo Franco Battiato. Esta semana enchufo spotify a ver qué me encuentro, pero lo que vi, sin golpear a nadie en pleno rostro, me afectó lo mismo en mis volátiles entrañas que otra victoria futbolística de alguno de los equipos líderes de nuestra liga.


Fanfarlo aparecieron a las 21:27. Cinco músicos, algunos de ellos multinstrumentalistas, con diferentes vestiduras y looks ¿casuales?. Como no, el líder y vocalista Simon Balthazar (de origen sueco) aparecía con un extenso flequillo rubio, ladeado de modo "cómplice” que junto con un jersey de cuello alto, recordaba a un iniciático Enrique Bumbury ochentero, con ganas de avalancha. A su lado, el resto de la banda: Cathy Lucas (seguramente la más virtuosa del quinteto), con un corte de pelo a lo garçonne, responsable de los teclados, sintetizadores, violín y una vistosa sierra musical; Leon Beckenham a los teclados y trompeta (qué buenos solos nos dejó); un escondido Justin Finch al bajo; y la última incorporación a la banda, al menos durante esta gira, la batería Valentina Magaletti.

Pero vamos al concierto. El sonido no lo disfruté del todo. No estuvo a la altura del último concierto que presencié en la Sala But (Crystal Fighters, en septiembre de 2013), pero debido a la calidad de los componentes de la banda, el espectáculo salió adelante con un resultado de notable alto. Y tengo que decirlo: aunque no tengan nada que ver, es escuchar a Fanfarlo y venirme a la cabeza Roxy Music, con esos teclados, esa pose ochentena y ese pop de calidad. Pero bueno, esa es otra historia que traslado a personal médico especializado...

Arrancaron con Ghosts, de su primer álbum "Reservoir" (2008) y fueron desgranando un potente arsenal en el que, en su tercer tema, ya estábamos todos bailando al son de Deconstruction (Rooms Filled With Light), tema que dio paso a que Simon pidiera al respetable, amigablemente, que se callase (el rumor típico de tasca española era altamente perceptible). Siguieron alternando canciones de sus hasta ahora tres discos y un EP (The Sea) como The Beginning and the end (We will have to cross the ocean/This is the price we'll have to pay/Standing just this slopes good for you and me/There is more beneath the ice shells/No matter what I have to say), The Walls Are Coming Down, LetThe sea (una de las dos canciones en las que Simon nos pidió trasladarnos mentalmente al “big blue”), la inicialmente tranquila y posteriormente hermosa Comets (Look up, open the clouds/Here comes the bombshell/On the way home), Let’s go extinct, Luna (imposible quedarse quieto). Acabaron, tras un bis esperado de dos canciones, con la trompetera The walls are coming down.

La banda abandonó el escenario rayando las 22:45 y se encendieron las luces. A mi derecha, creí reconocer a Marcos, un amigo compañero de las noches veinteañeras en Moby Dick y La Galería que hacía tiempo que no veía. Me acerqué lo suficiente y comprobé que no era él. Al menos no le lancé una execrable entonación de júbilo acompañada de una palmada en la espalda. Fanfarlo me había trastocado los sentidos, sobre todo el de la vista. No paraba de ver océanos, hombreras, pantalones con bajos pesqueros y gente con pelo cardado aplaudiendo en Tocata.

Y volví a casa, al calor de una acogedora manta en el invernal mes de febrero...

lunes, 30 de diciembre de 2013

FUEL FANDANGO

Fuel Fandango
Madrid
Sala La Riviera
28 diciembre 2013. 21:10 hs.



Qué escucho mientras escribo esta entrada: Aleatorio de mi discoteca de Itunes: Kitty, Dasy and Lewis; Morryssey; Coddy Chesnutt; Capital Cities; Jimi Hendrix Experience; The Lumineers (espero verlos en 2014); The Strokes; Mojo Project.

No lo sabía, pero ayer me enteré de ello. Díjomelo Reyes, la rubia compañera de Suto: Alejandro Acosta, la mitad de Fuel Fandango fue (y sigue siéndolo) componente (y fundador) de Mojo Project. Noticia. Me encanta aprender y conocer cosas nuevas. Y éstas, más, porque no te las esperas.


Mojo Project es ese grupo (proyecto) que pocos conocemos. En mi caso me lo dio a conocer hace ya bastantes años, entrado este nuevo siglo, el programa de Radio 3 dirigido por su hoy director Tomás F. Flores: Siglo XXI. Y para este concierto me tocaba conocer en persona a esa mitad de Fuel Fandango, y a la otra. La excelsa y contagiosa Nita.


Repetimos (mi niña y yo) acompañamiento (ya lo he dicho, Suto y Reyes, Reyes y Suto), y se agradece tener compañeros de viaje tan fieles a el arte de asistir a conciertos, porque en nuestro estado (casados, con enanos y residentes en Madrid) ya es harto complicado.

Pero vamos al concierto. Yo no conocía a Fuel Fandango en directo. Sí había visto alguno en La 2 (Conciertos de Radio 3) y ya había escuchado sus 2+1 únicos discos en el mercado (dos LP y un EP). Me cuentan que en la anterior gira, no tenían canciones suficientes para completar un concierto, y que incluso tenían que repetir algunas. Y puedo llegar a una conclusión: suenan mejor en directo que en disco. Sin duda. Es cierto que en el último (Trece Lunas, 2013) colaboran en la producción nombres como Cullum o Florence & The Machine (qué grandes Lungs y Ceremonials), pero no. No consiguen transmitir esa fuerza y poderío (olé) que tienen sobre el escenario.

Antes de empezar, me fijo en que el escenario está decorado con flores y rosas que cuelgan de micrófonos y altavoces, y sabes que Nita ha estado por ahí un rato antes. Porque para una Cordobesa y andaluza, las flores son más que mero adorno. Quieren simbolizar algo. Y el color que supone su música, con esos contrastes de flamenco, pop, rock y música de baile, es lo que quieren transmitir.

El concierto se inicia a las 9:10. Sale primero Ale, que enseguida se pone a trastear con su mesa de mezclas, luego Alberto Rodrigo (bajo) y Carlos Sosa (batería), y en menos de dos minutos ya estamos todos bailando como si estuviéramos en una abarrotada discoteca gaditana (sí, gaditana).

Y Nita. Vestido largo, rojo, de lentejuelas. Y llena todo el escenario. Y sus brazos. Y su pelo recogido a un lado. Y su voz. Y cómo bebía el agua en pajita, la tía.

Presentan Trece Lunas, y sobre numerosas bases pregrabadas (cómo pincha Ale, y qué bien suena todo el concierto, pese a ser la sala que es), van dejándose caer temas de su primer disco (Fuel Fandango, 2011) como Lifetime, The Engine o The Sense. Y no es hasta City cuando por fin suena el primer tema del disco que da nombre a la gira, al que siguen Trece Lunas, New Life, Monkey, Talking, I say No (tal vez mi canción favorita de todo su repertorio), Brazil, Read my Lips (la más rockera y la que más me gustó del concierto) y así hasta llegar a Shiny Soul, que cerró la primera parte de la actuación.

Cerraron con la obligada presentación del resto de la banda y de los múltiples agradecimientos al total de colaboradores y trabajadores de la gira, y con la puesta en escena de Nature Always Searching, las dos de su anterior LP.

Eran las 22:47 cuando todo terminó. Y como dijo Nita, era el último concierto de 2013. El suyo, el del resto de la banda, y el nuestro.

Feliz 2014.





sábado, 14 de diciembre de 2013

ROSENDO MERCADO

Rosendo Mercado
Madrid
Sala La Riviera
13 diciembre 2013. 21:15 hs.





Qué escucho mientras escribo esta entrada: AC/DC (Highway to Hell), Jailhouse Rock (Elvis Presley) y Radio 3 - Perdóname si no vuelvo a casa esta noche (Jeff Buckley, Triana, Los Suaves)

La mano de la imagen que tomé en el concierto de Rosendo celebrado el 13 de diciembre de 2013 en Madrid lo dice todo. Sólo hay un Rosendo. Sólo hay Rock and Roll. Y como bien señalan AC/DC en su mítico disco Back in Black (no, no me refiero al Back to Black de la desaparecida Amy Winehouse):

Rock 'n' roll ain't noise pollution 
Rock 'n' roll ain't gonna die 
Rock 'n' roll ain't noise pollution 
Rock 'n' roll it will survive 

Y eso fue lo que nos dio Rosendo a todos los que allí nos juntamos para disfrutar de su enorme concierto. Y nos contaminamos. Y comprobamos que el Rock and Roll sobrevive gracias a él.

Pero bueno, vamos un poco hacia atrás en el tiempo. Era septiembre y me entero que el gran Rosendo, prolífico artista donde los haya, líder en su día de una de las bandas "históricas" del rock and roll carabanchelero, madrileño, español y mundial, está de gira y, como no, pasa por la capital. Por su tierra, a menos de 7 km de su barrio de adopción (sí, algunos ya lo sabéis, Rosendo nació entre la élite del barrio de Salamanca - se le nota -, pero uno es de donde se hace, no de donde nace). 



¿Y quién es Rosendo? Rosendo es Historia. Es Nú, es Leño (Coz, Barón Rojo). Y no voy a dar más detalles. Sobradamente conocido (y referenciado).

¿Y qué hace un tipo como yo en un concierto como este? Pues ya lo dijo Rosendo en su mítica frase: "chico, hasta aquí hemos llegado..." Pues sí, hasta ahí habíamos llegado. Noche fría y lluciosa en Madrid (sólo apta para sofá y mantita). Y esta vez no iba sólo. Mi niña (mi amada niña) me acompañaba (y como disfrutó, "la jodía") y nos juntamos con ese Suto y esa rubia, amigos (camaradas, troncos, hermanos), fieles a la buena música, con ese punto macarra que les gusta (y nos gusta) exhibir, con ese desparpajo guitarrero donde los haya.

Y la Riviera llena. Entradas agotadas desde hacía días. Y un ambientazo "contaminante". Muchas canas. Muchas cabezas sin canas (y sin nada más). Mucha chupa negra. Cervezas en la cola de entrada. Cervezas en la barra de dentro. Luces apagadas. Rumores de que hay alguien por las características palmeras "rivereñas" (que nos espera). Y sale Rosendo. Pantalones vaqueros. Camiseta negra de anchas mangas cortas. Y su guitarra.

Son tres sobre un sobrio escenario. Rafa (bajo) y Mariano (batería) acompañan al Sr. Mercado. No hay nada más. Las luces de serie de la sala. Y su público.

Arranca con "A dónde va el finado" de su álbum "El endémico embustero y el incauto pertinaz", canción a la que siguen otras de sus trabajos en solitario ("Listos para la reconversión", "Jugar al Gua" - no paramos de bailar con "Cosita" -, "Vergüenza torera", "Deja que les diga que no", etc.).

Y por supuesto el primer estribillo por todos reconocible de la noche: "¡qué desilusión!", su "Agradecido" de "Loco por incordiar".

Entre canción y canción, gritos de ¡Rosendo, Rosendo!. Un público totalmente metido en el ambiente. Entregado a la causa.

Dos bises y cierre, como no podía ser de otra forma, con "Maneras de Vivir". Himno generacional. Y su letra me viene al dedo con este blog:

Voy cruzando el calendario 
Con igual velocidad 
Subrayando en mi diario 
Muchas páginas.

Y sí, si alguno no se ha dado cuenta aún, hablábamos de Leño. Y de Rosendo.

El rock and roll es un arte 
¡qué desilusión! 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

THE WAVE PICTURES

The Wave Pictures
Madrid
Sala Charada
25 noviembre 2013. 21:55 hs.

Qué escucho mientras escribo esta entrada: Bad As Me (Tom Waits), Floating Coffin (Thee oh Sees) e Instant Coffee Baby (The Wave Pictures)

Tres tíos de Leicestershire anuncian que van a tocar a Madrid y agotan entradas. Así, como cuando yo decido ponerme un café. Sin pensarlo. Automáticamente. Y el cantante, que tiene cara de veinteañero, y el bajista, que también tiene cara de veinteañero (y esos rasgos faciales tan comunes que todos tenemos un amigo que se le parece), y el bajista, que, como no, tiene cara de veinteañero pero a punto de llegar a la treintena, cierran una nueva fecha y, encima, la cierran dos días antes de la inicialmente prevista (y agotada).


Uno que les sigue hace ya un par de años, compra la entrada. Mal día (era lunes) y un Madrid con un ligero frente polar sobrevolando nuestras cabezas. Acudo sólo: nadie a mi alrededor los conoce y nadie quiere conocerlos. Uno más, me digo. A disfrutar. Esa es la actitud. 

Con la moto me pongo en la puerta de la Sala Charada (calle la Bola, 13) en quince minutos. Una sala ubicada en pleno centro de Madrid, dejando a un lado el Palacio Real, al otro la Gran Vía. Sala cerrada cuando llego, así que aprovechando el contexto, montado de lomo y dos cañas bien tiradas que amenizan mi helado cuerpo.




Abren. Sala pequeña pero acogedora. Pocos nos hemos enterado de esta nueva fecha. Y pocos somos en el concierto. Reconozco alguna cara famosa. Veo a Eva "Amaral", que ese mismo fin de semana los he escuchado, vía Radio 3 (alabada sea), su actuación en Zaragoza, dentro de un mini festival que esta emisora ha organizado en la ciudad maña, y en la que pude escuchar (¿sufrir?) sus nuevos temas.

Lo peor del local, una horrorosa pantalla sobre el techo de la pista que hay frente al escenario (la sala Charada se anuncia como sala de baile). Luces multicolores que te aconsejan no tomarte ninguna pastilla de procedencia ilegal u otro tipo de droga. La conjunción podría hacerte vivir una experiencia para olvidar. A la derecha del escenario, un panel publicitario que va cambiando de imagen, anunciando bebidas, bebidas y bebidas (estamos en un bar, digo, en una sala de baile, digo, en un concierto). Se completa todo con dos barras, una de ellas utilizada exclusivamente para el merchandising de la banda.

Y con una hora de retraso sobre el horario previsto, empieza el concierto. Y salen los tres, juntos en una especie de ¿escenario?. Parece una tribuna. Como una de esas balconadas que aparecen en el restaurante de Grease, con Danny, Sandy, Rizzo o Kenickie asomándose al resto de mortales de abajo mientras devoran hamburguesas y batidos.

Pero no. Los de arriba saben que los de abajo estamos ahí por algo. Para escucharles, se entiende. Y las canciones que desbordan en casi hora y media de concierto, todas ellas sacadas de su prolífica obra (desde 2003 al menos un disco al año, con la excepción del 2007), te traen a la mente influencias africanas, zeppelianas e incluso más refinadas como las de la exbanda de nuestro amigo Morrissey.

Me sorprendieron varias cosas. Destaco la actitud de David Tattersall (voz y guitarra). Un ejemplo de lo tremendo que pueden sonar esos eléctricos solos de guitarra, obligándote, sin poder hacer nada por evitarlo, a despegar el pie del suelo. A mover las manos y los dedos como si estuvieras batiendo huevos para esa mística tortilla que se avecina. A contonear la cadera (sí, la cadera). Y todo ello, sin mover un ápice alguno de los músculos de su rostro. Sin pestañear, diría. Sin emitir ninguna muesca de aprobación o desaprobación. A lo sumo, alguna sonrisa cómplice con sus socios de banda. Así, imperturbable.

Y el bajo de Franic Rozycki, enorme también. Ya dije que es verle y decir "me suena la cara de este tío. Seguro que le conozco de algo. Fijo". Y el tipo no desentona con nada. Y tiene cabida plena.

Por último, el que para mí se me presentó como un virtuoso de la batería y del ritmo, incluso cantando dejó un listón bastante alto para muchos vocalistas "titulares" de muchas bandas. El batería Jonny Helm. Hubo momentos que era él quien llevaba la batuta (digo la baqueta) de la banda. Y desgranó suficiente material para irrumpir en aplausos, más que merecidos y aluvión de silbidos de aprobación en cada tema en el que se dejaba (literalmente) el alma.

En cuanto al repertorio, pude reconocer Atlanta, Chesnutt o Shell, de su último trabajo (City Forgiveness, publicado este mismo año), un par de versiones de Daniel Johnston (no incluimos aquí la versión que hizo de Gotye y su aclamado y odiado - por la parte que me corresponde - "Somebody That I Used To Know" y las risas nos echamos con ella). Sí eché en falta alguna otra canción, sobre todo la del álbum fetiche de la banda en mi discoteca: "Instant Coffee Baby", y con el que les conocí. No hubiera estado mal escuchar "I love you like a madman" o "Leave The Scene Behind" y su enérgico estribillo:

If you want to be with me,
You've gotta leave that scene behind,
And if you want to be free
You've gotta push your friends aside


¿Y a cuántos de nosotros nos suena esta letra?


INTRO Y BISES

Empiezo este blog explicando el por qué de su nombre: "Entradas que pintan canas. Otra forma de contar la música en directo". Pues eso. Claro y conciso. Mis canas y yo, en ocasiones acompañados, somos gente de conciertos. Nos gusta la música, y nos encanta la música en directo. Y con 40 tacazos ya. Y cuando el bolsillo lo permite, y cerca se deja caer uno de tus grupos o solistas que sigues desde tu mp3 desde hace días o décadas, pues allá vamos. Sin compasión.

A ello se suma esa afición a guardar todas las decenas de entradas que uno adquiere para tantos conciertos, con la pena (y la lágrima) de que las nuevas tecnologías y sus mecánicas impresoras hayan acabado con las obras de arte, coloridas y en ocasiones con relieves, que antaño adquiríamos en nuestras tiendas de música preferidas.



La idea es publicar la entrada o "ticket", añadir alguna imagen del concierto y, por supuesto, aportar una crítica personal, que como la de los restaurantes, añada no solo información sobre el plato principal (concierto en sí) o de los empleados (artistas), sino también de aquéllos otros detalles (pan, lavabos, luz) que se escapan en muchas de las lecturas de aquellas crónicas que afamados periodistas del género, bien escupen con sarna y odio, bien alaban y elevan a lo más alto.

Y por último: el dilema. ¿Por dónde empezar? Decidido. En plena era de la inmediatez, hay que empezar por lo más fresco, y si bien llevamos ya once meses de asistencia a Lana del Rey, Crystal Fighters, Cody Chesnutt, Vargas Blues Band + Cris Jagger (sí, el hermanísimo del stoniano Mick), Dominique A, o Arctic Monkeys y muchos más, he decidido comenzar por esta misma semana, última del mes de noviembre de 2013...

Empieza el concierto.